Muffins de fresas, coco y trocitos de chocolate

lunes, 17 de marzo de 2014


Llevo un montón de tiempo con una canción en la cabeza. Más o menos desde el verano pasado, puesto que iba incluida en la banda sonora de la segunda película de Gru, película que, por supuesto, fuimos a ver (tener dos niñas pequeñas es la excusa perfecta para ir al cine a ver películas de dibujos animados). Esa canción es Happy, del músico estadounidense Pharrell Williams.


Además, desde que fue nominada a los Oscars como mejor canción, ha estado sonando continuamente en absolutamente todas las emisoras de radio. A nivel mundial. Vamos, que incluso para los que no hubieran visto la película, la canción les sonará con total seguridad.


En realidad se trata de una canción muy sencilla, con apenas mensaje, sin una letra demasiado elaborada y con un estribillo bastante repetitivo. Entonces, porque está medio mundo con esa canción metida en la cabeza? 


Creo que es simplemente por el buen rollo que transmite. Escuchas la canción, e inevitablemente los pies comienzan a seguir el ritmo y el estribillo se convierte en tu banda sonora para el resto del día. 

Porque la verdad es que últimamente algo de buen rollo extra no viene nada mal. Tenemos alrededor tantas cosas negativas (crisis económica, crisis social, una insostenible tasa de desempleo que parece que no hay forma de reducir a corto ni medio plazo...) Si vemos el telediario cualquier día las únicas buenas noticias las encontraremos en la sección de deportes (bueno, y eso dependiendo del equipo que seamos...)

Por eso creo que debemos aprovechar esas pequeñas cosas que nos hacen felices. Siempre podemos encontrar algo que nos proporcione algo de felicidad, aunque tenga que ser en pequeñas raciones. Puede ser un paseo por el parque en una bonita tarde de primavera, puede ser tener diez minutos para disfrutar del último libro que nos estamos leyendo y que tanto nos está gustando, puede ser el beso rápido que te da tu hijo antes de salir corriendo hacia el colegio... Estoy segura de que si nos fijamos podemos encontrar un montón de cosas positivas en nuestra vida, en las que habitualmente no reparamos, y que nos aportan esas pequeñas pero tan necesarias dosis de felicidad.


Y también estoy segura de que si probamos uno de estos muffins, tendremos al menos uno de esos pequeños momentos de felicidad. ¿No me creéis? Pues resulta que es muy fácil de comprobar. Como todos los muffins, se preparan en un pispás: mezclar ingredientes y hornear, sin más, por lo que en pocos minutos tendremos unos trocitos de felicidad que llevarnos a la boca. Probablemente después venga el momento contrario, cuando comprobemos que de la boca la felicidad nos ha bajado a las caderas o, peor aún, se ha instalado definitivamente en nuestro trasero, pero para eso están los vecinos: felicidad compartida engorda menos, segurísimo!!! :-)



Muffins de fresas, coco y trocitos de chocolate

(Receta adaptada de Nestlé Postres. Para unos 6 muffins grandotes, o 12 tamaño cupcake)

Ingredientes:


  • 150 gr. de chocolate negro
  • 150 gr. de fresas
  • 5 cucharadas de coco rallado
  • 50 gr. de mantequilla derretida
  • 3 huevos
  • 180 gr. de harina
  • 1 cucharadita de levadura en polvo
  • 60 gr. de azúcar
  • 1 yogur griego

Preparación:



  1. Precalentamos el horno a 190º
  2. Derretimos la mantequilla en el microondas, con cuidado de que no hierva. Reservamos.
  3. Troceamos el chocolate con ayuda de un cuchillo, intentando conseguir trozos de tamaño uniforme.
  4. Lavamos las fresas y las partimos en trozos.
  5. En un bol ponemos los ingredientes húmedos (huevos, yogur y mantequilla derretida) junto con el azúcar, y mezclamos hasta integrar. 
  6. Añadimos los ingredientes secos (harina, levadura y coco), y mezclamos suavemente hasta que se integren.
  7. Por último, añadimos los trozos de chocolate y lo removemos bien para que se mezcle.
  8. Vertemos la mezcla en los moldes elegidos, llenándolos primero sólo hasta la mitad, ponemos unos cuantos trozos de fresas en el medio, y luego añadimos más masa cubriendo las fresas. Terminamos repartiendo más trozos de fresas por encima.
  9. Horneamos durante aproximadamente 20 minutos, o hasta que al pinchar con un palillo, éste salga limpio.
  10. Cuando estén hechos, sacamos del horno y dejamos enfriar por completo sobre una rejilla.



Así que ya sabéis: poned la canción de Pharrell Williams a todo volumen (vuestro momento de felicidad no tiene que coincidir necesariamente con el del vecino), encended el horno y luego me contáis qué tal!

Besos!
Montes

P.D. Con esta receta participo en el 1º Aniversario del Reto de Cocineros del Mundo

Layer cake de limón y semillas de amapola

jueves, 13 de marzo de 2014

Layer cake de limón y semillas de amapola

Hacía mucho tiempo que no preparaba una tarta. Creo que la última que hice fue la tarta Guinnes para el cumpleaños de mi amiga Cristina, y eso fue allá por octubre. 

Layer cake de limón y semillas de amapola

Porque cuando hablo de hacer una tarta, me refiero a una tarta, tarta. Para mí, una tarta, tarta ha de ser necesariamente una tarta de capas de bizcocho con un relleno y una cobertura. Las cheesecakes, las tartas de manzana y demás tartas no entran en la categoría de lo que yo llamo tarta, tarta. Podría quizás encuadrarlas en pasteles dulces, en el mejor de los casos...

Por eso, cuando llega un cumpleaños siento que por fin ha llegado el momento de volver a ponerme a hacer una tarta, tarta. Realmente disfruto preparando el bizcocho, cortando las capas, rellenándolo y recubiréndolo. Sin embargo, no es algo que pueda hacer habitualmente, pues una tarta de este tamaño es mucho más difícil de "colocar" que otros postres de menores dimensiones. Si llamas a la puerta del vecino, por ejemplo, con un par de vasitos de mousse, es mucho más probable que te abran la puerta que si te ven con una tarta más grande que tu cabeza...

Por lo tanto, tengo que esperar que llegue un cumpleaños de algún amigo o familiar para darme el gustazo. En este caso se trataba del cumpleaños de mi suegra, e íbamos a comer todos a su casa. Por supuesto, mi cometido era llevar el postre, y como en ocasiones anteriores los postres de limón habían tenido éxito entre mi familia política, decidí preparar esta deliciosa layer cake de limón con semillas de amapola y una suave crema de queso. 

Layer cake de limón y semillas de amapola


Layer cake de limón y semillas de amapola

(Adaptado de Always with butter. Para una tarta de 15 cm. de diámetro)

Ingredientes para el bizcocho:


  • 195 gr. de harina
  • 200 gr. de azúcar
  • 2 cucharaditas (tsp.) de levadura en polvo
  • 1 pizca de sal
  • 2 cucharadas (Tbsp.) de semillas de amapola
  • 115 gr. de mantequilla a temperatura ambiente
  • Ralladura de un limón mediano
  • 150 ml. de buttermilk (o 150 ml. de leche con un chorrito de vinagre o limón)
  • 3 claras de huevo (yo he utilizado pasteurizadas)

Almíbar para calar el bizcocho:



  • 80 ml. de agua
  • Zumo de un limón
  • 60 gr. de azúcar

Crema de queso de relleno y cobertura:



  • 400 ml. de nata para montar (mín. 35% M.G.)
  • 3 cucharadas de azúcar
  • 250 gr. de queso para untar, tipo Philadelphia

Preparación:



  1. Precalentamos el horno a 180º, calor arriba y abajo, sin ventilador.
  2. Engrasamos y forramos con papel de hornear un molde alto de 15 cm.
  3. Tamizamos la harina junto con la levadura. Reservamos.
  4. Si no tenemos buttermilk, lo preparamos casero: ponemos la leche en un vaso y añadimos un chorrito de vinagre o limón. Dejamos reposar.
  5. Ponemos la mantequilla junto con el azúcar en el bol de la batidora, y batimos hasta que esté cremoso.Añadimos las claras de huevo, y batimos a velocidad alta hasta que aumente de volumen.
  6. Añadimos las semillas de amapola y la ralladura de limón. Batimos hasta integrar.
  7. Incorporamos el buttermilk y batimos.
  8. Por último, añadimos la mezcla de harina y levadura, y la sal, y batimos a velocidad baja lo justo para que se integre. Terminamos de mezclar con una espátula de goma.
  9. Vertemos la mezcla en el molde, y horneamos durante aproximadamente 60-70 minutos, o hasta que al pinchar con un palillo éste salga limpio.
  10. Sacamos del horno, dejamos atemperar cinco minutos dentro del molde, luego desmoldamos y dejamos enfriar sobre una rejilla. 
  11. Mientras, preparamos el almíbar: en un cazo ponemos el agua, el azúcar y el zumo de limón. Llevamos a ebullición, removiendo, hasta que reduzca ligeramente y tenga una consistencia más espesa.
  12. Para preparar la crema, ponemos la nata , muy fría, junto con el azúcar, en el bol de la batidora, y batimos a velocidad alta. Justo antes de que esté montada del todo, añadimos el queso, también frío, y terminamos de montar.
  13. Para cortar el bizcocho es mejor que esté completamente frío y, a poder ser, reposado (yo normalmente hago el bizcocho el día anterior), porque de esa manera la miga estará más asentada y no se desmigará al cortarlo. Cortamos el bizcocho en capas con ayuda de una lira si la tenemos, o con un cuchillo intentando que queden iguales. Empapamos bien cada capa de bizcocho con el almíbar, y rellenamos con una capa de crema. Repetimos hasta completar todas las capas, y terminamos cubriendo la tarta, primero con una primera capa fina de crema "tapamigas", y luego por último con otra capa de crema, más gruesa, que intentaremos dejar lo más lisa posible con ayuda de una espátula recta o un scraper. Si queremos, podemos terminar decorando la tarta con algunos sprinkles de colores (yo los he puesto de color verde).


Esta es la única foto que tengo del corte... Disculpad la mala calidad, pero casi no me da tiempo ni a sacar ésta!
El resultado es una tarta suave, muy jugosa. La combinación del bizcocho cítrico con la crema de queso, que no es muy dulce, para mi gusto es exquisita. Os animo a probarla y a que me contéis qué os pareció.

Besos!
Montes

P.D. Con esta receta participo en el 1º Aniversario del Reto de Cocineros del Mundo

Kir Royal granizado

lunes, 10 de marzo de 2014


El Kir es un popular cóctel francés elaborado con crema de cassis (licor de grosella negra) y vino blanco, y se suele tomar como aperitivo antes de las comidas.


Aunque muchos piensen que el cóctel fue inventado por Félix Kir (1876-1968) al final de la Segunda Guerra Mundial, Kir sólo prestó su nombre en 1951 para una campaña publicitaria lanzada por la empresa Lejay Lagoute, inventora de la crème cassis, y que patentó la marca Kir® en marzo de 1952. Nacido en la Borgoña francesa, Kir era un sacerdote y canónigo que en 1940, tras la huida del alcalde de Dijon por la llegada de los alemanes, fue nombrado en su lugar. Como alcalde de la ciudad, divulgó el famoso aperitivo para promocionar el vino blanco de la región, que servía en las recepciones municipales. Hasta entonces el Kir era una bebida aperitiva muy popular no sólo en Borgoña, y era conocida con el nombre de blanc cassis. (Fuente: Wikipedia)


Posteriormente se creó una variante del Kir, el Kir Royal, elaborado con champagne en vez de vino blanco. Y en esta ocasión yo lo he preparado con un delicioso sirope casero de grosellas frescas en vez de utilizar cassis, y en versión granizada. Así no sólo tendremos un aperitivo, sino un estupendo postre digestivo o un granizado listo para tomar en cualquier momento.

La receta la tenía guardada de otro de mis recortes antiquísimos, esta vez de una revista de decoración (ole ahí, recetarios de alto standing), guardado para la posteridad en mi carpeta de "próximos proyectos" desempolvada recientemente. Y aprovechando que tenía grosellas que me habían sobrado de la mousse de yogur y chocolate blanco, decidí que a ésta receta le había llegado también su hora.


Kir Royal granizado


Ingredientes:


  • 100 gr. de grosellas frescas
  • 350 ml. de azúcar
  • 500 ml. de agua
  • 500 ml. de cava o champagne

Preparación:

  1. Ponemos el agua y el azúcar en un cazo a fuego medio, removiendo, hasta que hierva. Cuando rompa a hervir, retiramos del fuego y agregamos las grosellas. Volvemos a cocer a fuego bajo durante otros cinco minutos.
  2. Retiramos del fuego y trituramos todo con la batidora. Pasamos la mezcla por un colador para dejar sólo el líquido y quitar las pepitas y demás restos de las grosellas. Dejamos enfriar.
  3. Cuando esté frío, añadimos el cava, removemos bien, y llevamos al congelador hasta que cristalice. Como lleva alcohol, no llegará a congelar del todo, por lo que podremos servirlo perfectamente en cualquier momento.


El cóctel original lleva una medida de cassis por cada 8 medidas de cava o champagne. Veréis que ésta es una versión un poco sui generis, pero aún así deliciosa. Queda una bebida suave y dulce, si queréis notar más el toque alcohólico del cava, probad a reducir un poco la cantidad de azúcar, o a añadir algo más de cava a la mezcla. 

Espero que os animéis a probarla. Contadme si os gustó!

Besos!
Montes

P.D.   Con esta receta participo en el 1º Aniversario del Reto de Cocineros del Mundo

Mousse de yogur y chocolate blanco

jueves, 6 de marzo de 2014


Creo que si vuelvo a decir que soy adicta al chocolate, un gatito morirá en alguna parte. Por eso no lo voy a repetir, no porque me gusten especialmente los gatos, sino porque creo que con las ciento cincuenta mil veces que ya lo he dicho (ahí, sin exagerar) es suficiente.


Y precisamente porque me gusta el chocolate (mierda, lo volví a decir!) no me gusta NADA el chocolate blanco.


Es que ¿por qué se empeñan en llamar chocolate al chocolate blanco? ¡No lo es! Al menos, no es chocolate como yo lo entiendo. El chocolate debe ser oscuro, amargo, intenso. O incluso, aunque sea con leche, debe saber a cacao.


El chocolate blanco no sabe a cacao. Sabe dulce, solamente. Contiene cacao, efectivamente, pero sólo manteca de cacao, junto con leche y azúcar, lo que hace que tenga un sabor suave y dulce, pero muy alejado de lo que normalmente consideramos chocolate.


Por eso no sé que extraño proceso mental, cuando vi esta receta en Pinterest, me hizo tener ganas de probarla. Imagino que, como todo lo que se ve en Pinterest, entra por los ojos, y esta vez debió pasar lo mismo, saltándose incluso mi especial aversión por el chocolate blanco.


Y la verdad es que el resultado me ha sorprendido para bien. Queda una mousse ligera, muy suave, y aunque es cierto que se percibe el sabor del chocolate blanco, queda contrarrestado con el leve ácido del yogur, que me encanta. En este caso yo lo he acompañado también con grosellas frescas, también ácidas, pero podemos servirlo con otras frutas como fresas, moras, o incluso con mermelada o miel.

Mousse de yogur y chocolate blanco

(Para 7-8 vasitos)

Ingredientes:

  • 3 hojas de gelatina
  • 1 tableta de chocolate blanco (75 gr.)
  • 300 gr. de yogur griego
  • 3 claras de huevo
  • 50 gr. de azúcar
  • Grosellas (o la fruta que se prefiera) para decorar.

Preparación:


  1. Ponemos las hojas de gelatina a hidratar en agua fría. 
  2. Troceamos el chocolate, y lo derretimos al baño maría o en microondas (en este caso, calentando de 30 segundos en 30 segundos, removiendo entre cada intervalo, para que no se queme)
  3. Cuando el chocolate esté fundido, lo mezclamos con el yogur, removiendo bien para que se integre del todo.
  4. Ponemos las claras junto con el azúcar en el bol de la batidora, y las montamos a punto de nieve. Reservamos.
  5. En un cazo a fuego bajo ponemos las hojas de gelatina, bien escurridas, junto con cuatro cucharadas de la mezcla de yogur y chocolate. Removemos hasta que la gelatina se haya disuelto, y entonces vertemos esta mezcla en el resto de yogur y chocolate. Mezclamos bien.
  6. Incorporamos las claras montadas y con suaves movimientos envolventes, removemos hasta que esté todo totalmente integrado.
  7. Vertemos en los vasitos o recipientes elegidos, y llevamos a la nevera al menos dos horas. En el momento de servir, acompañamos con la fruta elegida.



Como veis, es un postre muy sencillito, que se prepara enseguida, y luego es igual de fácil de comer. Y eso dicho por alguien que no soporta el chocolate blanco es mucho!

Probadlo y me contáis.

Besos!
Montes

Brownies con nueces y salsa de chocolate a la canela

lunes, 3 de marzo de 2014


Esta es de esas recetas que te quedas guardadas en la carpeta de "próximos proyectos" durante siglos, hasta que, de pronto, un día, decides que ha llegado el momento de prepararla.


En concreto, ésta es una de las recetas que vienen en el interior del paquete de Chocolate Nestlé para postres. Yo hago como las abuelas: receta interesante que veo, receta interesante que recorto y guardo como oro en paño. Y hay muchas recetas de este tipo, en envoltorios de comida, en revistas, incluso en catálogos... que a priori pueden pasar desapercibidas, pero que luego, al hacerlas, resulta que son un éxito.


Desde luego, ésta lo ha sido. El brownie, de entrada, es casi un acierto asegurado, pero es que éste es muy suave, se deshace en la boca, y el toque de canela lo hace muy especial.


La receta original era con almendras en vez de nueces, pero, ventajas de hacerlo uno mismo, como a mí me gustan más las nueces en el brownie, he modificado ese ingrediente. No dudo que con almendras también estará buenísimo, si os gustan y queréis probar, no tenéis más que sustituir las nueces por almendras. Yo he utilizado nueces de California.


Y el punto final de esta receta lo pone esa salsa de chocolate especiado a la canela. Ya sólo el brownie está delicioso, pero acompañándolo con esta salsa templada, con ese toque de canela... Mmmm, supongo que ya os lo estáis imaginando!



Brownies con nueces y salsa de chocolate a la canela


Ingredientes:

  • 125 gr. de chocolate negro
  • 125 gr. de mantequilla
  • 130 gr. de azúcar
  • 2 huevos
  • 50 gr. de harina
  • 1 cucharadita de canela en polvo
  • 1 cucharadita de vainilla en pasta, extracto de vainilla o azúcar vainillado
  • 75 gr. de nueces de California

Ingredientes para la salsa:


  • 150 gr. de chocolate negro
  • 100 ml. de agua
  • 1 cucharadita de canela en polvo


Preparación:

  1. Precalentamos el horno a 150º, calor arriba y abajo sin ventilador.
  2. Forramos un molde cuadrado (el mío es de aproximadamente 20X25) con papel de horno.
  3. Tamizamos la harina junto con la canela. Reservamos.
  4. Ponemos las nueces entre dos papeles de cocina y pasamos el rodillo por encima unas cuantas veces, para conseguir que queden en trozos más pequeños (sin pasarse: no queremos polvo de nueces)
  5. Ponemos agua en un cazo y encima un bol de cristal. Cuando el agua comience a estar caliente, fundimos el chocolate en el bol de cristal, al baño maría. Añadimos la mantequilla a trocitos, y removemos con una espátula hasta que se derrita por completo y obtengamos una masa lisa. Retiramos del fuego.
  6. En el bol de la batidora batimos los huevos con el azúcar hasta que blanqueen y aumenten de volumen. 
  7. Bajamos la velocidad de la batidora, y vamos vertiendo la mezcla de chocolate fundido, y la vainilla.
  8. Incorporamos la harina, y removemos con cuidado con la espátula hasta que esté totalmente integrado.
  9. Por último, añadimos las nueces troceadas, y volvemos a mezclar bien con la espátula.
  10. Vertemos en el molde, y horneamos durante unos 20-25 minutos.
  11. Mientras se hornea, preparamos la salsa: ponemos el agua en un cazo y llevamos a ebullición. Cuando hierva, retiramos del fuego y añadimos el chocolate en trozos y la canela. Removemos hasta que el chocolate esté totalmente fundido y nos quede una salsa lisa.
  12. Cuando el brownie ya esté hecho, lo sacamos del horno, dejamos atemperar dentro del molde unos 10 minutos, y luego sacamos y dejamos enfriar sobre una rejilla.
  13. Servir los brownies templados, partidos en cuadrados y acompañados por la salsa de chocolate.



Es un postre muy fácil de hacer y con el que podéis quedar genial. Seguro que vuestros amigos quieren venir a visitaros más a menudo después de probarlo!

Espero que os guste!
Besos.
Montes

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